El misterio de la pradera

Prado

Normalmente las flores suelen tener múltiplos de 3, 4 o 5 pétalos.
Eso permite clasificarlas y distinguirlas.
Esta historia trata precisamente de una flor de 5 pétalos de color gris, como todas las de su alrededor. No eran tan llamativas como las rosas ni tan misteriosas como los girasoles, es decir, eran flores ordinarias, comunes y corrientes a las que pocos prestaban atención. Para estas plantas las flores solo son fábricas masivas de semillas. Estas semillas son arrastradas por el aire hasta alcanzar tierra, para después germinar. Una vez que la flor creaba semillas, se marchitaba y desaparecía: ya no era necesaria.
La flor de la que hablamos nació una primavera lluviosa en unas praderas que parecían infinitas. Salió de un capullo grande, por lo que crecería más que sus compañeras.
Debido al tamaño de su capullo, hubo gran expectativa en esa flor, ya que produciría más semillas que nadie. La planta que la estuvo creando se esforzó bastante en nutrirla, de tal manera que los nutrientes se envíen prioritariamente a la flor.
El capullo ya era bastante grande cuando pasó una ráfaga de viento. Una ráfaga muy breve, pero lo suficientemente intensa como para tambalear el capullo de un lado a otro.
Las plantas de los alrededores se vieron azotadas y, en varios casos, desprovistas de sus hojas y flores: salieron volando o se desprendieron violentamente. Eso trajo como consecuencia la muerte de poco más de la mitad de las plantas del prado. También azotada y solo con una hoja restante, la planta del capullo grande se tranquilizó al comprobar que su capullo estaba intacto. Ahora solo contaba con una hoja para nutrir a su enorme futura flor. Sería la esperanza del prado, ya que tendría suficientes semillas para repoblarlo por completo.
Otra ráfaga de viento pasó por el prado, justamente cuando terminaba de acomodar el capullo. Era más fuerte que la anterior, causando estragos incluso en la hierba. Lamentablemente el capullo gigante sí resultó dañado.
No se desprendió completamente, pero se rompieron dos de sus sépalos y una buena parte de la rama que la sujeta. ¿Entonces iba a morir la flor?
El ambiente se tornó lúgubre. El capullo gigante, inversión más grande de una planta que renunció a aumentar su altura o su número de hojas por la esperanza en que su flor le produzca muchas semillas. Una esperanza que se fue con el viento, al igual que muchas otras flores, hojas y plantas enteras.
Sin embargo, junto con la ráfaga llegó una abeja. Estaba algo débil y confundida. ¿Se ha perdido? Normalmente las abejas no vienen a estas praderas ya que no hay néctar que recoger. ¿No dije antes que las flores solo producen semillas y no miel?
La abeja comenzó a recorrer el jardín en busca de néctar, como siempre hacen cuando salen de su colmena. Naturalmente, las plantas de la pradera no esperaban que una abeja llegase a estos campos. ¡Aquí no hay nada de miel! ¡Nunca hubo miel ni en los tiempos más prósperos de la pradera! ¡Mucho menos ahora que está a punto de perder a una especie que le aportaba algo de diversidad! ¡Las únicas flores de la pradera desaparecerían! ¡Y llega una abeja despistada!
En medio de su recorrido, la abeja se topó con el capullo de flor gigante, roto y a punto de caer. Se detuvo y lo miró fijamente. ¿Será por su tamaño? ¿Pensaba extraer mucha miel de una flor que se caracteriza por no producir miel y que posiblemente no florecería?
La abeja miró por todos los ángulos al capullo, pero este estaba a punto de caer. Comenzó a tambalearse de un lado al otro mientras su rama se rompía lentamente. ¡Y la abeja se quedaba mirando sin hacer nada! ¡Si realmente se interesaba por la flor, que haga algo por salvarla! Ah, claro, las abejas solo quieren miel. Cuando la rama que sostenía al capullo estaba por romperse del todo, la abeja frotó sus patas y sacó de entre ellas una… ¡¿varita mágica?!
¡Vaya! Resulta que la abeja no era ninguna abeja, sino un hada de las praderas. Antes de que la rama se rompiese, ¡kabum! Un hechizo regeneró y fortificó a la rama, salvando al capullo de su caída. Todos creían que era lo único que haría, pero se acercó a las otras 5 flores que quedaban en el prado y ¡kabun! las hizo crecer hasta el tamaño que alcanzaría el capullo gigante e hizo que produzcan más semillas. ¡Y la planta del capullo gigante! ¡Tanto esfuerzo para que al final las otras flores crezcan mágicamente!
Lentamente, la abeja , digo, el hada de las praderas se acercó al capullo gigante y destrozado, aunque ya no en peligro de caída. Comenzó a cargar energía mágica que concentraba en una bola que parecía un espejo. Al mediodía, el hada disparó su bola de espejo al capullo. Los rayos del sol atravesaron perpendicularmente al capullo, el cuál floreció instantáneamente, pero no con pétalos grises.

FlorArcoíris
Las hadas de las praderas saben comunicarse con los vegetales. Por eso la planta pudo entender el mensaje que le dio: “Esta flor representa el esfuerzo de una planta y la lucha contra la adversidad. Por ello esta flor es el inicio de una segunda vida para estas praderas. Se escribirán historian, se harán poemas y canciones, trascenderá y marcará historia por generaciones.”
Dicho esto, el hada se fue, no sin antes llamar a unas abejas para alimentarse del néctar de la nueva flor y de sus hermanas pequeñas que comenzaron a crecer a su lado.
Pronto la pradera se llenaría de flores y colores. Algo insospechado antes de las ráfagas destructoras.

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