Hoyo mágico

Erase una vez un lago con muchos nenufares.
En el lago viven sapos, lagartijas y unos pocos peces.
Erase un lago con poco oxígeno y muchas algas.

Erase una vez un río. Un río que se lleva las aguas del lago al mar.
Si no fuese por este río, el lago sería salado.
Un lago salado es desagradable. No es dulce como los lagos. No es extenso como el mar.
Por eso la dulzura del lago depende del río.

El río es cristalino. Atraviesa un bosque y una playa antes de llegar al mar.
Hay veces en las que se entierra bajo el suelo, pero la mayor parte de su recorrido es superficial.

Un buen día, el agua del río no llegó al mar. La basura tirada por los humanos obstruyó el cauce. El agua ya no fluyó por el río. El movimiento se detuvo.

El río dejó de ser río. Ahora es estático como un lago. Ahora es parte del lago. Sin efluentes. Sin nadie que se lleve las aguas a otro lado, se quedarían en el lago para siempre. El lago podría volverse salado. Y nadie quiere un lago salado.

Solo tuvo que ocurrir algo de magia para solucionar este problema.
Algo tan simple.
Tan simple como perforar el río para llevar el agua directamente al mar.
Fueron unos topos los que hicieron posible la formación del hoyo mágico.

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