El sabor del amor

Marzo es el mes de las hadas. En todos mis relatos (incluyendo participaciones en retos) aparecerá una.


Se cuenta que los saltamontes son mágicos. Si alguien le da de comer unos cuantos a su interés romántico, este último se enamorará con la misma intensidad con la que el primero ame.

Libro mágico de Ancos

I

Ella no es como las demás. No importa cuantas «demás» hayan, solo hay una «ella».
Las demás son orgullosas y solo buscan que las complazcan.
Ella es casi como él: le encanta el trabajo y las cargas. Ambos podrían llevarse bien, pero no.

Él es un caballo y ella, una burra. Lo suyo es imposible y, a pesar de que él la adora y siente que podría tratarla mejor que otros burros, ella no se fija en él para nada.
Los burros solo buscan una acompañante para tener hijos. Él quiere vivir la vida entera con ella. Unir sus fuerzas para hacer lo imposible.

II

Sus días ya no son los mismos. Los viajes de un lugar a otro, tampoco. Donde antes veía cargamento, río, montañas, lagos, árboles y otras cosas maravillosas, ahora solo ve la dulce imagen de ella. No se iba de su mente a pesar de que ella no lo tiene en la suya. Seguramente tiene a otro burro que va a aprovecharse de ella. ¡Y no lo sabe!

Cada momento es peor que el anterior. Un día ella alteró tanto su rendimiento que lo tuvieron que castigar encerrado en el establo con cadenas, para burla de los demás caballos. Ellos solo piensan en ellos mismos. No conocen el amor.

En uno de esos días de encierro, encontró un libro de la biblioteca de los dueños de la granja. En una de sus páginas explican una receta para el amor con saltamontes. Sus cantos son atractivos y sus colores un deleite para los ojos.

Enamoran.

III

Él volvió a aplicarse en el trabajo solo para ser libre y volver a verla de verdad, no solo mediante fantasías mentales.
De esta forma, pudo volver a vigilar el trabajo de los burros. Se quedó hasta la hora de la comida, solo para dejar en el plato de ella una sorpresa.

Se quedó mirándola, porque la receta requiere que el enamorado mire fijamente a su interés romántico mientras se come los saltamontes. Al parecer ella no se dio cuenta que acababa de comerse los saltamontes cuando miró al caballo con cara de fastidio. Cuando lo hizo, su expresión cambió.

Un flechazo sacudió dos corazones.


IV

Estos últimos tres meses fueron los más felices de su vida. Ella no solo le presta su atención, sino también le expresa amor, el amor que él le da. Los días se hicieron interminables. Las noches, también.

Los paseos se volvieron lunas de miel y los trabajos citas románticas. Nada puede salir mal. ¡Que Murphy se revuelva en su tumba!

V

Seis meses pasaron volando. Estaba realmente cansado. El amor de ella se volvió realmente empalagoso y algo insoportable. Ella solo podía vivir para él y se molestaba cada vez que quería salir al prado solo. Seguramente puso muchos saltamontes en su plato ese día.

Él buscó en toda la biblioteca aquél libro para encontrar una receta que revierta el hechizo. Fue casi imposible con ella pendiente de todos sus movimientos. Se tardó tres meses en buscar en todas partes para no encontrar nada.

Desesperado, se fue a ver a alguien que podría ayudarlo. En uno de los últimos libros que leyó se cuenta que en los pastos de los prados viven las hadas de las praderas, seres realmente dispuestos a ayudar.

No lo dudó ni un segundo.

VI

Sabías que la receta de los saltamontes replica el amor que sientes por ella. ¿La amabas realmente?
¡No! Solo quisiste satisfacerte a ti, no pensaste en ella sino como en algo con lo que estarías feliz y que había que defender de los «estúpidos burros». No pensaste en su felicidad, solo en la tuya.
El egoísta amor que sentiste por ella es ahora el egoísta amor que siente ella por ti, acechándote y queriéndote solo para ella.
Y ahí no hay mucho que las hadas podamos hacer. No hay más antídoto para el amor tóxico que el rompimiento. Algo que ni ella ni tú harían. Y ella no lo hará, no porque no quiera, sino porque tu hechizo egoísta la obliga a no hacerlo.
Solo te diré que si realmente se ama algo, se busca lo que es bueno para aquello que amas, aún a costa tuya. ¿Le preguntaste alguna vez a ella sobre sus gustos o sus sueños? ¿Sabes qué quiere hacer con su vida? Si no lo sabes, mucho menos vas a ayudarle a conseguirlo
.

No quise escuchar a aquella hada tóxica. ¡Cómo se atreve! ¡La amo! ¡Y me ama! ¡Eso es lo que importa!
Regresé al establo para buscarla y volver a darle amor.

Unas ruedas pasan por la carretera a toda velocidad. Cuando me dí cuenta ya estaban muy cerca como para hacer nada.


Este relato participa en Writember de Escritos Cometa: BlogTwitter

2 comentarios sobre “El sabor del amor

  1. ¡Que buen mensaje! Me encantó, al final no me da mucha pena ese final, espero que así la burra encuentre el verdadero amor, aunque sea con un burro.
    ¡Muchas gracias por participar en los retos!
    Es un placer leerte como siempre,
    Cometa.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola. En un principio, el cuento iba a terminar con las palabras del hada, pero cuando llegué a ese punto me quedé con ganas de hacer alguna maldad. MWAHAHA. ¿Acaso las plantas escritoras no podemos divertirnos un rato?
      Gracias por comentar.

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