La sonrisa del desierto

Abril es el mes de las maravillas. Este mes, Galaxi no cuenta las historias, solo las escribe en el blog. ¿Quién nos hablará ahora?


Hola, peregrino, ¿qué te trae por aquí? ¿Acaso te perdiste en medio de un viaje? ¿Viniste a investigar algo?
¿Qué? ¿Cómo que quién habla? ¿No me has visto hasta ahora? ¡Y estoy frente a tu nariz! ¡Vaya ciego que eres!

¿Aún no me ves? ¡Sí, ahí arriba, sobre tu nariz! ¡Oye, no me agarres que tus manos me asustan! Bueno, ven aquí, jijiji.

A ver… Mira ese arbusto seco. Vamos a sentarnos allí, peregrino. Tu en la arena y yo en el arbusto, que como soy diminuta no me reconocerás en la arena.

Y bien, ¿qué te trae por aquí? Jijiji.
¿Estás triste? ¿Desesperado o desesperada? Me disculpas, pero no se distinguir a los machos de las hembras de tu especie. En verdad no lo sé porque he visto muy pocos de vosotros por aquí. Pero siempre que vienen lo hacen con sus monstruos de aceite ruidosos que remueven las arenas con violencia y destruyen los pocos arbustos que crecen…
No, no, no llores. Lamento lo que dije, pero es que es lo que todos hemos visto. Mas bien ahora que tengo la oportunidad de ver a uno más de cerca no parecéis máquinas de destrucción masiva. De hecho, os veis bastante indefensos. Hasta podríais vivir aquí como todos. Sé que no tenemos el mejor clima o mucha agua, pero aquí en el desierto nunca falta comida si es que sabemos cooperar entre todos.

¿Por fin ya me viste? ¡Sí! ¡Soy precisamente quien acabas de describir! ¡Amarilla, brillante y con alas transparentes!
¿Qué estás haciendo? ¿Por qué frotas tus ojos con tus patas? Tus ojos son más preciosos que los míos y encima te los limpias. ¿Quieres hacer competencia de quién tiene los ojos más lindos? ¡Yo siempre gano a todos los animales del desierto!
¿Ahora qué? ¿Sacudes la cabeza? ¿Esa es tu forma de celebrar la victoria? Y ahora te me quedas mirando fijamente. ¿Tan linda soy? ¡Y pensé que yo era quien había perdido el concurso de los ojos!
Ya que tengo tu atención, mi nombre es Adri, pero todos por aquí me llaman «hada madrina». O sea, la que tiene que cargar con problemas enormes, no solo por el agua o las temperaturas, sino por vuestros monstruos ruidosos que nos hacen la vida imposible cada cierto tiempo.
No, no vuelvas a llorar. ¿Extrañas a tu familia? No, ¿extrañas a tu colonia?
Hmm, así que sois como las hormigas. Solos sois indefensos, pero en grupos y unidos… ¡Hacéis lo que hacéis!
Bueno, no vayas a llorar, que ya encontraré a tu familia. ¿Dónde viven?

Ya, tampoco vayas a molestarte. Nunca puedes estar feliz aunque sea por un momento. Te falta alegría. No voy a decirte que estés con una sonrisa puesta en la cara siempre, que hay momentos para todo. Pero así como uno no puede estar feliz todo el tiempo, tampoco se puede estar triste toda la vida. Ni mucho menos enojado o enojada, que no sé cual.

Ya soltaste una carcajada. ¿Ves? No fue difícil. Tampoco lo fue para mi en su día. Aún lo recuerdo.

Cuando el viento me hizo reír después de hacerme llorar.

Hace mucho tiempo, en mis primeros días aquí en el desierto, estaba practicando camuflaje en la parte más arenosa y carente de arbustos. Pedí a cuatro lagartijas voluntarias que me encontrasen. Se pasaron 5 minutos intentando buscarme sin éxito. De tantos intentos fallidos y viendo mi hechizo cumplido me dispuse a descubrirme, pero un fuerte viento me sacudió y me empujó a la derecha. Las lagartijas no solo me encontraron, sino que también se rieron en mi cara. ¡Maldito viento!

Al día siguiente practiqué mi hechizo de tormenta de arena. Agité con mis alas la arena que comenzó a elevarse hasta la altura de mis alas. El remolino se formaba y crecía poco a poco, pero vino el viento y me tiró la arena en la cara. ¡Como te odio!

Unos zorros se rieron en mi cara. ¡Todo esto es tu culpa! ¡Como voy a poder ayudar si me ven como una incompetente!

Vino el viento y soltó varias carcajadas junto con todos. ¿Sabes que me dijeron? ¡Que soy una amargada! ¡Y que no les gustan los amargados!

Alcancé a un zorro que huía para sacarle en cara sus inmundicias.

«¡Tóxicos! ¿Acaso siempre se tratan así?»

El zorro comenzó a llorar. Antes de que llamase a todos los seres vivos del desierto apliqué un hechizo de silencio. No me gustaría que piensen que maltrato animales. El zorro se puso a llorar más fuerte, haciendo patentes sus intenciones. Intenté calmarlo por todos los medios, pero seguía llorando.

Seguro me ha perdido la confianza.

Fui a buscar a otros dos zorros y les conté todo. Incluso me disculpé por haber callado al zorro. Pero igual se molestaron. Me pidieron que le quitase el hechizo y lo hice. Cuando creí que me devorarían viva, lloraron los tres. Bueno, también lloré yo. Nunca más podría ayudar al desierto que me quitó la confianza. Los zorros se secaron las lágrimas e intentaron calmarme. Conteniendo las lágrimas, los escuché. Me dijeron que el viento es así. No era la primera vez que metía en problemas a los animales y los humillaba para llamar su atención, pero los animales del desierto aprendieron a reírse en lugar de guardar rencor permanentemente, que al final solo me haría más daño. El viento siempre será travieso y malvado, la clave está en no hacerle caso. Solo en reírse. Cuando las lagartijas y los zorros se rieron, no lo hicieron por mí, sino por el viento.


Así que aprendí que si alguien siempre causa problemas no ganamos nada guardando rencor. Solo me río, lo arreglo y no le hago caso.

Bueno, ya está anocheciendo. No creo que pueda llevarte a casa ahora, así que lo haremos mañana temprano. Por ahora descansemos aquí, yo te alumbraré y te protegeré. Mientras tanto, voy a dibujar uno de mis paisajes preferidos.

Buenas noches y sueña con las estrellas.


Este relato participa en VadeReto de JascNet.

2 comentarios sobre “La sonrisa del desierto

  1. Wuuau… ¡¡¡Galaxi, preciocísimo!!!
    Una fábula que llega directamente al corazón.

    ¡¡¡Ojalá estas hadas nos iluminen cuándo todo lo que está pasando termine!!!
    No tengo mucha confianza, pero espero que al menos algunos recapaciten y cambien su respeto y educación para con la naturaleza y, puede, para sus semejantes.
    Como dijo alguien inteligente, todo empieza por una simple y única gota.

    Muchísimas gracias por tu aportación al VadeReto, me ha puesto una enorme sonrisa en la cara y te aseguro que ya costaba hacerlo desde hace varios días.

    Un fuerte abrazo.

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