Bajo la negra noche

¡Aahhh, noches de luna nueva! Suelen ser bastante más oscuras que otras, lógicamente por la ausencia de la luna. Pero no, ella no se va.
Simplemente se cubre con un manto negro y se camufla en la oscuridad de la noche.

¿Pero por qué lo hace? La luna sabe que muchos seres vivos necesitan su luz aunque sea para buscar un refugio en el que dormir hasta el amanecer.

Lo hace porque hay unos seres especiales que necesitan de la negrura del cielo nocturno por lo menos tres veces por estación del año: las hadas.

Precisamente cada noche de luna nueva, alrededor de algún pequeño charco o tronco hueco, se reúnen varios tipos de hadas para intercambiar información, hacer un balance de su actividad y planificar sus acciones para el próximo periodo. Todos los tipos de hadas (o casi todos) se presentan en las reuniones mágicas, con alrededor de 5 enviadas de cada tipo. Suelen asistir:

  • Hadas de los bosques
  • Hadas de las praderas
  • Hadas marinas
  • Hadas de las ciudades
  • Hadas de las montañas

Se dice que existen otras clases, pero como nunca fueron a estas reuniones, la mayoría de estas desconoce su existencia.


Hoy es noche de luna nueva. Solo las estrellas iluminan el cielo de forma sutil. En medio de la densa oscuridad, un pequeño tronco lleno de agua recibe a las hadas que se acercan sigilosamente. Cuando llegan las primeras, le dicen a las plantas de alrededor que las oculten: ningún animal mamífero tiene que verlas.

Una vez todas han llegado, se hicieron las presentaciones habituales para comenzar con la reunión.

Buenas noches, hadas del mundo. Como podeis haber notado, hoy estamos reunidas en uno de los pocos bosques remotos que quedan. Ya sabeis de sobra quién provocó la destrucción de la gran mayoría de lugares bonitos de la Tierra, sobre todo de bosques como este.

—Sí
—Claro
—Obviamente
—Cómo no

Sabemos que la expansión humana es el mayor problema que el planeta soporta desde el principio de los tiempos. Es hora de proponer soluciones, ya que es lo que necesitamos todos urgentemente.

—¡Hay que matarlos!
—¡Sí, hay que matarlos de una vez!
—¡Que se mueran!
—¡Que paguen por todo!

Por favor. No podemos quebrantar el código de magia. Recuerdan: "Primum non nocere". No podemos causar la extinción deliberada de una especie, ni siquiera de la humana. Al pertenecer ellos al reino animal, entran en nuestra cláusula de protección de la vida.
¿Se os ocurre alguna otra cosa menos cruel?

—Hmmmmm
—Emmmmm
—A ver…

¡Lo tengo! No hay que acabar con ellos.

—¿Cómo?
—¿En serio?

No es necesario. ¿Recuerdan que los humanos hacen guerras espontaneamente por cosas sin sentido? ¡Listo! Ellos se autodestruyen

—Pero ellos ya se han peleado varias veces y el problema no se ha resuelto
—Nacen más que los que mueren
—Ni las guerras logran parar a esa plaga

Plaga… ¡Eso es! Hay que soltar una plaga que solo afecte a humanos.

—Interesante. Pero ellos también sobrevivieron a varias plagas
—Exacto. Tampoco eso puede detenerlos
—Esto parece imposible

A ver. Nada es imposible. Siempre hay formas de hacer algo, y las que acabais de proponer son realmente buenas. Por un lado podemos inducirlos a que se peleen en una gran guerra, más terrible y que, ahora sí, involucre a todos los humanos, sin excepción. Por el otro lado, una plaga que sea de alta letalidad desde el principio, para acabar con el mayor número posible de ellos antes de que puedan inventar una cura.

—¡Brillante!
—¡Magnífico!

Bueno. Si no hay más opciones, votemos para decidir qué método usaremos

Unos extraños ruidos comenzaron a sonar. Las hadas detuvieron brevemente su reunión para averiguar el origen de los sonidos. Se supone que ningún mamífero debe estar aquí y esos ruidos parecen indicar esa presencia.

Los ruidos se intensificaron. Esta vez ninguna de ellas tuvo la menor duda: el hombre llegó al corazón del bosque.

Las hadas, aterrorizadas, pusieron un muro mágico para proteger al bosque, pero solo alcanzó energía para proteger un area circular de 10 metros de radio.


¡Aahhh, noches de luna llena! Suelen ser más luminosas que otras gracias a la luz de la luna, prestada por el sol. Se sorprendió bastante cuando se detuvo a mirar la superficie de la tierra: donde antes había un frondoso bosque, ahora hay una gran ciudad. Pero lo más sorprendente es que en medio de la urbe había un parque de 10 metros de radio, bastante parecido al bosque que antaño ocupó esa partecita de tierra. Estaba cercada por barras de madera y los humanos no entraban, simplemente se limitaban a mirar ese pequeño bosque que la fuerza humana no pudo someter.

La luna estaba tan triste por lo del bosque, que en 14 días desapareció del cielo, de verdad. Volvió 14 días después, solo para ver que nada había cambiado. Desde aquél momento la luna sí se va del cielo de verdad cada 28 días. El manto negro quedó en el olvido.

Luna llorando

Y cada luna llena, esta se pregunta:

¿Y qué habrá sido de las hadas?

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